HOMENAJE AL EQUIPO DIRECTIVO SALIENTE REALIZADO POR LOS ALUMNOS CON MOTIVO DE LA FINALIZACIÓN DE SU ACTIVIDAD COMO DIRECTIVOS
A Luisa, Lorenzo, Feliciano, Paco y Jesús
Éste es vuestro último curso en la dirección del instituto. El año que viene nuevas caras ocuparán vuestros puestos y continuarán la labor en la que vosotros tanto esfuerzo habéis puesto.
En el cada vez más estrecho margen en el que se desarrolla la educación pública, habéis suplido con humanidad el hueco que dejaban la falta de material y el abandono por parte de los sucesivos gobiernos de los últimos años. Nos habéis dado lecciones que no aparecían en los libros. Con un alumnado tan heterogéneo como el de la educación pública, habéis tenido que hacer, más que nada, una labor social. En vuestro empeño por impartir una educación igualitaria, os habéis tenido que conformar en ocasiones con el mínimo: crear personas, por lo menos, civilizadas. Con ese fin habéis buscado las causas ocultas tras una mala nota o una falta de asistencia, os habéis molestado en conocer a las personas que había detrás de los expedientes académicos. Y han sido tantos años que hoy, por suerte o por desgracia, ya nos conocemos todos.
Luisa ha sido un ejemplo de saber estar, siempre desempeñando el papel que le correspondía en cada momento. Seria y justa en esas clases de química en las que no se oye el vuelo de una mosca, despliega toda su dulzura cuando, enfermos, vamos a jefatura a pedir una pastilla o a preguntar una duda. Pese a que en sus clases nos decía que el amor era sólo una reacción química, día a día nos ha demostrado que existen personas cuya dedicación es absoluta, cuyo amor por el trabajo bien hecho escapa a las leyes de la química.
Los que ya empezamos a ser ancianos entre los estudiantes aún recordamos a Lorenzo con su sempiterno cuaderno de castigados. Estar en esa lista era tan vergonzoso como ser la víctima del cobrador del frac, pero lo cierto es que, desde que las listas se informatizaron, las mañanas perdieron encanto. Las generaciones futuras no podrán entenderlo. Ellos no han sentido el silencio sepulcral que se extendía al paso de Lorenzo. Las listas mecanografiadas no podrán alcanzar la categoría que tenía Lorenzo cuando entraba en clase, siempre mordiendo la patilla de las gafas, para, cual Don Quijote, deshacer agravios, enderezar entuertos, enmendar sinrazones.
Un papel más amargo, si cabe, le tocaba a Feliciano. Quien más, quien menos, ha tenido que purgar sus culpas en el infierno de las séptimas horas. Y, un día, venía a hacernos la foto de la revista y nos pedía que sonriéramos a la cámara. Encima, con retintín. Pero, quién sabe, igual hasta es un sentimental y tiene nuestras fotos como fondo de pantalla del ordenador.
Paco se ha convertido casi en nuestra sombra. Nos ha perseguido por los pasillos para recordarnos que había campeonato de atletismo, de orientación, de baloncesto; nos ha llevado en su coche a las competiciones... Él ha sido el impulsor del deporte en el instituto, y, además, ha sabido extender el arte que tiene arrancándose por bulerías a otros aspectos menos flamencos de su trabajo.
Los que estuvimos hace un año en el aeropuerto de Roma con Jesús pudimos admirar el toque de balón de los que, como él, poseen un corazón azul y de tercera y la sangre roja republicana. Es esta especial composición la que le ayuda a ponerse en la piel de los humildes, de los que pierden, de los que se equivocan, de los que dudan. Es esa sangre la que le ha llevado a defender la educación por encima del nivel económico, la que le impulsa a enseñar a sus alumnos que la educación es la que te dota de libertad. Libertad de decidir, de pensar. Y la libertad no hace a los hombres libres, los hace, simplemente, hombres.
Durante todos estos años, juntos habéis luchado por la mejora de la educación pública. Sin Esperanza. Con convencimiento. Habéis aguantado reformas educativas nefastas, insultos de quien no supo distinguir a la persona de la institución. Ahora, llegáis al final de vuestra etapa en la dirección más cansados, más desengañados que cuando empezasteis. Y es que, por más que lo aparentemos, nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Vuestros alumnos
Colmenar Viejo, 12-VI-2008
I.E.S. Marqués de Santillana
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