1. El cielo nocturno

El cielo nocturno

Una de las cosas más bellas que tenemos los humanos es el cielo nocturno.

Sí, ya se que, cuando miras al cielo por la noche no ves gran cosa. Pero de eso tenemos la culpa los humanos. La descomunal, exagerada e inconsciente iluminación nocturna que pretende dar luz no solamente al suelo, sino también al cielo, nos ha arrebatado la posibilidad de que vosotros: los más pequeños, sepáis lo que es el cielo nocturno. Con razón se ha dicho que la contaminación lumínica es el cáncer del cielo.

Si los políticos que nos gobiernan quisieran darnos a todos ese placer y además ahorrar mucho en iluminación; bastaría con buscar los medios adecuados en lámparas y sistemas, evitando que la luz de muchos focos se dsitribuya en todas direcciones. En las Canarias, espacio astronómico protegido, lo han hecho así y la diferencia es más que notable. Todos los que nos entusiasmamos ante el espectáculo de un cielo nocturno, oscuro y limpio, hablamos de contaminación lumínica. ¡Qué derroche!

Sólo los que habéis tenido la oportunidad de pasar algunas noches claras en un pueblo pequeño: el de vuestros abuelos, o el de otro familiar, sabéis de qué hablo.

Yo nací en un pueblo pequeño de la provincia de Salamanca y, por la noche, cuando mirabas al cielo no podías contar las estrellas.

En las noches de verano podías ver una enorme mancha blanca plagada de estrellas; era uno de los brazos de nuestro galaxia: la Vía Láctea. Sabías que el nombre "galaxia" tiene precisamente ese siognificado en griego: "leche". Las constelacviones se veían nítidas; no perdías una sola estrella, pero hoy ...

Esta pequeña contribución a la astronomía trata de concienciar de esta pérdida reparable, pero también trata de animar a todos los que quieran dsifrutar de algo que la Naturaleza nos regala, a que salgan de su población de noche y se alejen un poco; sólo hasta que el brillo directo de los focos deje de "manchar" el cielo.

No es necesario llevar grandes medios. Basta con la propia oscuridad, los ojos, un planisferio de calidad (lo venden en el Planetario en el Museo de la Ciencia de Alcobendas, en el de Ciencias Naturales, en tiendas de astronomía, etc. y no es nada caro) y si acaso unos prismáticos de 10x50. No se necesita más. Hablaremos de telescopio cuando "el gusanillo" se nos haya metido en el cuerpo.